Las recientes elecciones en varios países sugieren que el mensaje trabajador-medio ambiente está alterando la norma

Sean Sweeney escribe para TUED

La aplastante victoria del 5 de mayo del partido de centro izquierda y apoyado por los sindicatos, New Democratic Party (NDP) por sobre el partido de gobierno Progressive Conservatives (PC) en Alberta, Canadá, fue una completa sorpresa, principalmente para los intereses petroleros que han invertido miles de millones de dólares en las arenas bituminosas y que hasta la fecha controlaron en gran medida la política de la provincia. El PC estuvo en el poder durante 44 años (desde 1971) después de haber ganado 12 elecciones consecutivas hasta las elecciones de la semana pasada.

Después de operar como un partido casi marginal en Alberta, el NDP obtuvo 53 escaños – aumentando dramáticamente la cuenta de 4 obtenidos durante las elecciones de 2012. Mientras tanto, el PC fue de 70 escaños en 2012 a apenas 10. De manera significativa, el manifiesto del NDP menciona: “Vamos a tomar el liderazgo en relación al cambio climático y asegurarnos de que Alberta sea parte de la formulación de soluciones con las partes interesadas, otras provincias y el gobierno federal. Los primeros pasos incluirán una estrategia de eficiencia energética y una estrategia de energía renovable.” El lenguaje, si bien ambiguo, es importante y significativo.

El cambio dramático en la opinión pública en Alberta puede sonar como un hecho aislado. Sin embargo, ¿tal vez la victoria del NDP es el indicador de algún tipo de tendencia? Los resultados de recientes elecciones en otras partes del mundo sugieren que los partidos progresistas y pro-trabajadores que ponen la transición energética y protección del clima claramente en el orden del día, al mismo tiempo que se oponen a la austeridad, los recortes en los servicios y la privatización, han obtenido buenos resultados, lo que nos lleva a pensar que políticas relativas a la clase y el clima podrían estar surgiendo.

En Australia, durante las elecciones de marzo de 2015 en Nueva Gales del Sur, sorprendentemente el Partido Verde le robo votos al Partido Laborista, al ganar cuatro escaños tras una campaña que estuvo enfocada en el cambio climático y el creciente poder económico y político de las corporaciones del gas y del carbón. El partido hizo un llamado por una prohibición total de gas de veta de carbón (CSG por sus siglas en inglés), y se opone a la privatización y los ataques a los servicios públicos.

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Alberta premier elect Rachel Notley of the NDP with Hassan Yussuf, President of the Canadian Labour Congress

En la India, el nuevo partido Aam Aadmi (AAP) obtuvo una victoria aplastante en las elecciones de febrero de 2015 en Delhi abogando por el fin de la pobreza energética, la corrupción en la industria del carbón, y por los coches eléctricos tuk tuk para luchar contra la contaminación. Los 10 millones de ciudadanos de Delhi votaron abrumadoramente por el nuevo partido, que ha criticado la privatización de la energía, al mismo tiempo que ha apoyado activamente un incremento ofensivo de la energía solar (20% de la generación en el año 2025) a través de la creación de “centros comunitarios solares” para los habitantes de barrios marginales y bajos ingresos. El

programa electoral del AAP se encuentra aquí.

En Grecia, a pesar de la enorme presión de la Troika para que abandone sus compromisos electorales, Syriza, el partido de gobierno recientemente elegido, está tratando de implementar la plataforma aprobada en su primer Congreso en julio de 2013. La contundente victoria del 25 de enero de Syriza se debió principalmente al hecho de que dijo “no” a la austeridad impuesta por la UE, pero el programa del partido también hace referencia a la necesidad de “un nuevo paradigma de desarrollo social, ambiental y económico” y la “transformación ecológica de la economía.” Syriza ha dicho que va a continuar la “práctica de la planificación democrática y el control social en todos los niveles del gobierno central y local.” En su programa electoral, Syriza declaró que están comprometidos con “la transformación ecológica en el desarrollo de la producción de energía.”

En España, también, el nuevo partido-movimiento’ Podemos se encuentra en proceso de desarrollar un programa económico y medioambiental basado en la “desprivatización” de los servicios vitales, especialmente la generación de energía y la salud. Lanzado en enero de 2014, al partido le fue bien en las elecciones al Parlamento de la UE, ganando el 8% de los votos. Podemos, en la actualidad (mayo de 2015), se sitúa en torno a 16,5% de las preferencias en las encuestas nacionales. En 2014 el partido adoptó una política de “energía al servicio de las personas” para luchar contra la contaminación y el cambio climático, y pidió un plan nacional vinculante para reducir las emisiones en un 55% en 2030. En agosto pasado, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, dijo que “el primer objetivo será la nacionalización –control democrático social y público — de las fuentes energéticas y de la producción eléctrica para acabar con el poder de los oligopolios del sector. Con el petróleo y la electricidad bajo control, el siguiente paso será la puesta en marcha de un plan de rápido desarrollo de las energías renovables mediante la inversión pública (…)

[se implementaran] medidas de apoyo a la autogeneración mediante el impulso de la generación distribuida mediante renovables y facilitar su conexión a la red general para evacuar la energía sobrante, lo que se traducirá en una democratización de la energía.”

Los resultados de las elecciones del Reino Unido del 7 de mayo parecen indicar que las políticas de “clase y clima” no están resonando con todos. Pero vale la pena señalar que sumados los votos del Green Party, Scots Nationalist  (SNP) y el Partido Laborista, ambos obtuvieron más que los victoriosos Conservatives. El SNP y los Verdes quienes apoyan la democracia energética, las fuentes de energía renovables y se oponen a la privatización – robaron votos al Partido Laborista que esta a favor del fracking y silente sobre las cuestiones climáticas. Las consecuencias han sido desastrosas para los laboristas que ahora enfrentan una crisis existencial.

Mientras tanto, en Alberta, si bien el primer ministro electo Rachel Notley no librará una Guerra en contra de las compañías petroleras que han invertido en las arenas bituminosas, la propuesta del NPD para reestructurar el sistema de los derechos de la industria ya está causando ansiedad y oposición de los ejecutivos de la industria petrolera. Y es casi seguro que, a diferencia del antiguo partido en el poder, el NDP no estará empujando a la administración de

Obama para aprobar el oleoducto de Keystone XL.

Una nueva política parece estar surgiendo, una que refleja la realidad de que los trabajadores y las personas en general, son inseparables de los ecosistemas que sustentan la vida. Este es un mensaje de un movimiento en construcción. Es un tipo de política que dice no al extractivismo destructivo y la ‘austeridad sin fin.’ Y lo que es más importante, puede movilizar a la gente para la acción, porque está proponiendo alternativas prácticas al modelo actual basado en un crecimiento sin fin (y sin trabajo)“, la degradación socioecológica, y niveles grotescos de la desigualdad.


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Sean Sweeney es el coordinador de Sindicatos por la Democracia Energética (TUED) y dirige el International Program for Labor, Climate & Environment del Murphy Institute, en la Universidad City University of New York.

TUED es un proyecto del Global Labour Institute Network